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Monterías



Por manuscritos del siglo XIV sabemos que la montería ha sido desde antaño, el estilo de caza emblemático en España. Aún hoy, aunque con grandes matices se sigue practicando en nuestros montes, siendo esta modalidad de caza, única en el mundo.

En esencia se trata de una batida en la que, con la ayuda de las rehalas (equipo de 20-25 perros especialmente criados y entrenados para esta especialidad-cada rehala está guiada por un rehalero), se obliga a las reses a salir de sus encames y pasar por los puestos donde se encuentran colocados los cazadores (monteros).

La elección de las manchas (zonas de monte) a cazar, la fecha de la cacería, el número de puestos que se colocarán, la ubicación de los mismos, la forma de hacer llegar a los monteros a sus puestos, la cantidad de rehalas, los puntos de suelta de las rehalas, la forma de cazar de las rehalas, etc.., son parte de una larga lista de elementos que hay que conocer y saber poner en juego para el buen fin de la cacería. Antaño, toda esta organización requería de la participación de un gran número de personajes muy especializados. Hoy en día, gracias a los vallados, esta labor se ha simplificado, no obstante, sigue requiriendo un gran esfuerzo tanto humano como económico. Por cada puesto, a menudo es necesaria la participación de una media de 5 personas.

A pesar de los vallados, en ocasiones, las características propias de un determinado monte hacen muy dificultosa la labor de controlar la población de reses que lo habitan, resultando imprescindible la utilización de este tipo de cacería. Además de su gran valor como herramienta de gestión, la montería cumple un indiscutible función ecológica. Supliendo el trabajo de los superpredadores, los perros, de forma puntual y controlada, hacen presa sobre las reses más débiles e impedidas. Gracias al buen trabajo de todos los participantes en la montería, en un día se puede llegar a abatir un gran número de reses, 6-12 reses de media por puesto. Se puede organizar con un número muy variable de cazadores, desde 10 hasta 100 y con muchos perros. Hoy en día, es fácil encontrar monterías en las que se consiguen cazar cerca de 100 reses. Estas cantidades, antaño eran inimaginables.

Se suelen distinguir varios tipos de monterías, de gestión, a caño libre, a cupo, a res muerta, etc. En las monterías comerciales, normalmente se caza sobre un cupo de animales establecidos, o sea, número de animales sobre los que el cazador tiene derecho a disparar. El cupo se concierta entre el cazador y la finca, y normalmente es igual para todos los cazadores que participan en la montería, por ejemplo; 2 ciervo, 4 ciervas, 1 muflón, 3 jabalís, etc.. por puesto. Habitualmente en este tipo de monterías, sólo se suelen cazar machos. En cualquier caso, el cupo especifica el número de ejemplares, diferenciados por sexos y especies, sobre los que el cazador tiene derecho a disparar. Sólo en el caso del jabalí no se distingue entre sexos. Si el secretario (personal de la finca) que acompaña al cazador considera que el animal ha sido muerto o herido, ese animal ya cuenta para el cupo. Si se ha disparado sobre un animal pero se ha fallado el tiro, se puede disparar sobre otro.

En las monterías a caño libre, una vez establecido el tipo de animal objeto de la montería diferenciado por especies y sexos, los cazadores podrán tirar sobre ellos sin limitación de número. En este tipo de monterías los cazadores suelen pagar una cantidad, a menudo elevada, por ejercer el derecho a cazar todos los animales (objeto de la montería) que le pasen por el puesto. A veces, cuando hay un exceso considerable de reses, es recomendable hacer uso de este tipo de montería. De lo contrario no es aconsejable ya que el control sobre lo que se abate es mínimo.

Si por el contrario, el cazador desea disparar sólo sobre los animales que desee y en el número que él quiera, se denomina “cazar a res muerta”. En este caso, se paga una cantidad por disfrutar del día de campo y tener el derecho a disparar sobre un número reducido de animales determinados, habitualmente hembras y jabalís. A partir de ahí, el cazador podrá disparar sobre los animales que desee de entre las especies y sexos permitidos para esa montería, sabiendo de antemano el precio de cada uno de los tipos de animales sobre los que dispara.

En el caso de monterías de gestión, se suele hacer más presión sobre las hembras y crías de las especies objeto de la cacería. En el caso de poder disparar sobre machos, se diferencia entre los que se pueden considerar selectivos y los que no. Este tipo de montería, absolutamente necesaria, requiere de un mayor esfuerzo por los monteros que, además de tener que matar algunas hembras y crías, tiene que soportar ver pasar grandes trofeos sobre los que gustosamente hubiesen disparado en otra ocasión y además, saber distinguir cuales de aquellos otros machos que, luciendo peores trofeos, pueden o no ser considerados selectivos.

En cualquier caso, el desarrollo de la montería suele ser común. Como norma general se podría decir que se ajusta a lo siguiente. Los cazadores pasan casi todo el día en el coto donde se caza. Se suele citar a los cazadores a las 08-09,00 h en el cortijo de la finca donde se va a cazar. Allí se les ofrece un copioso desayuno (migas, huevos fritos, frituras de cerdo, licores, café con leche, chocolate, dulces, fruta, refrescos, cerveza, etc..) y cuando ya está todo el mundo listo se hace el sorteo de los puestos. El desayuno y sorteo a veces se realiza en el hotel donde están concentrados todos los cazadores. A cada cazador le corresponde un puesto y un secretario que, siendo habitual de la finca, es conocedor de la mecánica y particularidades de la propia finca y le podrá ayudar en lo que necesite. En algunas monterías no existe la figura del secretario y para los cazadores extranjeros esta situación puede suponerles un gran desafío para saber a quien seguir y donde ponerse. Se les lleva con coche lo más próximo posible al puesto. Una vez puestos los cazadores alrededor de las 10,30- 11,00 h., se procede a la suelta de los perros que, dirigidos por los rehaleros batirán la mancha “zona de monte a cazar” durante las siguientes 3-4 horas, que es lo que se suele tardar en hacerlo. El final de este momento viene marcado por las caracolas, que los rehaleros hacen sonar llamando a los perros para recogerlos. A partir de este momento, los cazadores ayudados por los secretarios, marcan la localización de las reses muertas para que la gente que las recoge las pueda localizar bien y no se quede ninguna en el monte. También es imprescindible que se proceda al marcado de los rastros de sangre de las heridas y a su pisteo para intentar localizarlas. Una vez localizadas todas las reses muertas y heridas, los cazadores son llevados de regreso al cortijo donde se les ofrece un aperitivo y una comida. Mientras tanto, los secretarios, arrieros, mulas, etc.. recogen las reses y las llevan al cortijo donde se colocan para que los cazadores se puedan hacer las fotos. Esto puede ser entre las 17 – 18,00 h. Normalmente los cazadores se quedan un rato más, tomando una copa y contando sus lances. Para cenar se trasladan al lugar donde han pasado la noche anterior.

Dado que se trata de una cacería que requiere de la participación coordinada de todos, es muy recomendable hospedarse todos los cazadores en un mismo hotel la víspera de la montería, para evitar retrasos en el inicio de la cacería. Por otra parte, de esta forma se posibilita el sorteo de los puestos al acabar la cena y la aclaración de dudas posibles sin tener que retrasar la puesta en marcha de todo el operativo la misma mañana de la montería. Es por ello que se suele contratar un hotel para todos los cazadores tanto la víspera de la montería como la noche siguiente a la misma. Esto también es oportuno dado que la víspera se suele dormir poco y todo el día en el campo suele cansar bastante, por lo que no es muy recomendable hacer largos desplazamientos conduciendo en estas condiciones.

 

En “Los Claros” hemos venido organizando dos tipos de monterías. “La Montería” y “monterías de gestión”. La diferencia fundamental entre uno y otro tipo radica en el tipo de animales a abatir.

En el primer caso, el objeto fundamental de La Montería es la caza de trofeos de venado y jabalí, siendo excepcional la caza de trofeos de muflón.

En el segundo, el objeto fundamental en las monterías de gestión, es el control de la población, siendo las piezas a abatir principalmente ciervas, venados selectivos, muflonas y jabalí, pudiendo excepcionalmente tirar sobre trofeos de venado y muflón.

En el caso de las monterias, se realizan con un mínimo de 20 cazadores y un máximo de 40 cazadores. Se puede cazar 1 o 2 días consecutivos. En el Coto esta permitido organizar al año: 3 monterías (sin límite de cazadores ni perros) o 6 ganchos (máximo 10 cazadores con menos perros) en este caso las zonas a batir son más pequeñas.

Para grupos cerrados cabe la posibilidad de personalizar la montería determinando que tipo de animales se van a cazar y en qué número aproximado.

FECHA Y RESERVA

Las fechas hábiles para los recechos de venado y muflón están comprendidas entre el 1 de Septiembre y el último día hábil de la temporada de caza ( mediados de febrero ) a excepción de los días 9-13 de Octubre y los comprendidos entre el 23 de diciembre y el 7 de enero, ambos inclusive. Del 1 de abril al 31 julio, ambos inclusive para el corzo.